jueves, 25 de enero de 2018
Apócrifos de Sir Galcerán. Rimas cabalgando.
sábado, 15 de agosto de 2015
Lady Aryse (vi). La maravillosa cabalgata
- No debe temernos, mi señora. - La voz de aquel extraño resonó con gentil firmeza en su mente. - Sólo estamos de paso y la mitad de las cosas que se dicen sobre nosotros son mentira. La otra mitad … la otra mitad, sólo exageraciones. Traemos noticias, sabiduría y algo de ayuda. No han sido tiempos tranquilos ni agradables, no solo para vosotros aquí en Vurathi, sino para muchos otros lugares, cercanos y lejanos.
- Mi nombre es Eham, mi señora. – Dijo el líder de los forasteros. Lady Aryse escuchó la misma voz que había escuchado en su mente antes, cuando aún la comitiva no estaba cerca del puente levadizo de la fortaleza.
- Venimos bajo el manto de la noche, pero traemos claridad en nuestras intenciones y únicamente entregamos paz a quienes nos reciben con los brazos abiertos y el corazón dispuesto. Mi nombre es Vlidam Takeno, amo de las palabras. Mercenario y poeta de la ciudad libre de Fyur.
- Gente de Vurathi, valerosos hermanos. – Su voz pareció elevarse y alcanzar a todos aquellos presentes en Vurathi-kog. – No hemos venido a traerles más guerra, tampoco sufrimiento. No venimos a conquistar ni a engañar, no venimos a robar ni a traicionar. Estamos de paso, no nos quedaremos, pero necesitamos permanecer entre ustedes algunos días. Ustedes necesitan de nosotros aunque ustedes aún no lo saben. Traemos canciones, traemos nuevas, traemos conocimiento y algo de esperanza. Si sus corazones y sus mentes están dispuestos, será mucho lo que dejaremos entre ustedes.
- ¡Gente de Vurathi! – Habló entonces Lady Aryse Stormglance. – Daremos la bienvenida a estos forasteros que nos visitan. Demuestren la bien conocida hospitalidad de Vurathi con aquellos que vienen en paz y en paz se retiran de nuestras tierras. Algo me dice que hay verdad en las palabras que recién escuchamos. No teman. No duden. Yo, Lady Aryse Stormglance, Señora de la Casa de Q’nar, prometo que será una visita provechosa y que los protegeré de cualquier daño que pudiese llegar de manos de estos visitantes o de otros. ¡Gellam Tanatur Vurathi!
- Agradecido mi Señora. - Habló nuevamente Eham. - Estoy seguro habéis tomado la mejor decisión.
- Habla sinceramente. – Pensó Lady Aryse.
- Estaremos en Vurathi solo el tiempo necesario y esperamos ser recordados como hermanos, una vez que nos alejemos de vuestras tierras. - Culminó Eham.
- Mi Lady Aryse. - Volvió a hablar Vlidam Takeno, el Fyurense, mientras Eham sonreía. - Aún debemos compartir con ustedes una noticia más. Aún no está completa nuestra comitiva.
- Son Ergan y su hijo Trog. Gigantes de la isla de Masxut. Con ellos también se acerca Slaura y sus lobos. - Explicó Eham.
- Ella es Slaura, mi Lady Aryse.- Continuó Eham. Ella y sus lobos se quedaran afuera. Erga y Trog también. Están acostumbrados.
- Mi señora. En verdad os agradezco vuestra voluntad y vuestra hospitalidad. No os arrepentirás Lady Aryse Stormglance! – Dijo emocionado.
Extraños tiempos comenzaban a transcurrir. De eso estaba segura. Algo se había puesto en marcha. Algo que definiría el futuro no sólo de Vurathi, sino quizás de todo el continente e incluso más allá de los mares circundantes.
domingo, 14 de junio de 2015
Lady Aryse Stormglance (v)
domingo, 11 de agosto de 2013
Aryse Stormglance (ii)
miércoles, 19 de junio de 2013
MEGUM OCMË
sábado, 6 de abril de 2013
ANGUSTIA
Ella llora. También ella, sentada a su lado. Los dedos entre los labios y la angustia que estalla desde las vísceras y muere entre los dientes. Mucho azul. El cielo y el mar en una sola huida. Adiós a hijos y hermanos. Adiós a su risa y su sombra, a su fuerza y sus brazos. Ellos han apostado a un albur, lleno de sal y escualos. Azul, mucho azul para tan pocos músculos pocas lágrimas para tanto océano. No habrá amuleto que los salve o dios que los proteja. Sólo hay azul, mucho azul. Y si cada vez más uno se aleja, más azul, más océano, sólo sombras y mucho azul. Mucho azul, sobre un lienzo de tristeza.
lunes, 18 de febrero de 2013
CIERTA TRISTEZA
Cambiaría cada minuto de comprensión y angustia, por un rato de irracionalidad y compulsiva alegría.
sábado, 12 de junio de 2010
El hombre tenía unos enormes ojos negros
Más que grandes, sus globos oculares parecían desafiar la gravedad asomándose a límites muy audaces fuera de sus cavidades orbitales. Su historia médica estaba plagada de diagnósticos e interpretaciones psicodinámicas. Había recibido todo tipo de medicación, incluso aquellos derivados de la medicina alternativa. Su hospitalización más reciente había sido en Inglaterra. En un obscuro sanatorio provinciano de donde había sido trasladado a un centro hospitalario londinense para luego escapar de forma inexplicable. Su historia también hablaba de un delirio muy poco estructurado. Quizás sin estructura alguna en tanto se circunscribía a un solo elemento...
El hombre insistía en aquella afirmación de manera compulsiva y monocordante. En todas sus hospitalizaciones se mantenía aquella frase, absoluta, simple e intrigante. Esa frase era su única respuesta, su única manifestación verbal, su único pecado, su único temor.
En aquel momento se encontraba internado en Italia. En la pequeña ciudad de Taranto. Yo me encontraba de paso. Me dirigía a Grecia. Venia de un Congreso en el que había participado en la ciudad de Amsterdam. Conociendo mi profesión, unos amigos Tarantinos me invitaron a conocer al “loco más famoso del pueblo”. Había sido visitado por casi todos los profesionales en salud mental de Italia con muy pocos resultados. Pronto seria trasladado.
No me miró cuando entré hacia su habitación. No se le consideraba peligroso, pero se me previno sobre demasiada cercanía. Parecía asustarse al ver a otras personas. Las interpretaciones y clasificaciones comenzaban a rondar mi mente, pero su mirada, aunque vacía, parecía decir algo más.
No me dijo nada. No respondió una sola pregunta. Hizo caso omiso de mi presencia y no reaccionó a ningún ruido. Se sonreía mirando al vacío. Temblaba de miedo y al instante volvía a sonreír. Su rostro denotaba pánico, estupor, alegría y paz al mismo tiempo. Pero lo más sobrecogedor era su tranquilidad, su inaguantable tranquilidad.
Luego de una hora y pocos minutos, decidí dejar de molestarlo. Abandoné Taranto tres días después, un poco intrigado un poco decepcionado de mi experiencia en ese hospital psiquiátrico.
Tomé un barco en Brindisi que nos llevaría a la costa de Amalfi. Allí me detuve a descansar durante algunos días en pequeño pueblito de pescadores. Todas las mañanas, al levantarme, solía mirar un grupo de pescadores que regresaba de su jornada y se dedicaba a arreglar sus redes, preparándolas para la madrugada que vendría.
Esa mañana el Sol brillaba muy alto en el cielo. Mi atención se centro en un pequeño que trataba de atrapar la mirada de su padre quien se ocupaba, absorto, de reparar una parte de su red que había resultado dañada.
- Mira padre, mira por favor...
- Que cosa hijo...
- Es muy grande...
- Quizás un albatros...
- No padre... un albatros no... es más grande...
El padre miró al cielo y sus ojos parecieron quedar adheridos a su brillo. Llamó a un camarada que, bote de por medio, trabajaba en sus quehaceres cotidianos. Yo también miré hacia arriba y empecé a sonreír. Entonces recordé Taranto. Comprendí mi desasosiego y la tranquila, casi estúpida, pasividad de aquel loco. El hombre tenía unos enormes ojos negros. Repetía aquella frase como un poseso. Como quien le ha vendido su alma a la incredulidad...
- Puedo volar...
sábado, 20 de marzo de 2010
En teorías
Cómo sobrevivir al día con una vida de futuro atado, pero aún incierto
Cómo sobrevivir con un presente ensombrecido por la fatiga y el desasosiego, de no saberse sólo o abandonado, triste definitivo o alegre por renacer
Cómo saberse lo suficientemente anónimo como para pasar desapercibido a las parcas y partirle la cara al destino antes de que te alcance
Cómo seguir ocultando la pena y aguantando los todavía y los ya no importa que, uno tras otro, parecen demostrar que la soledad y la amargura siguen siendo la única solución a las idiotas risotadas de los lugares comunes






