viernes, 28 de abril de 2017
martes, 6 de septiembre de 2016
miércoles, 31 de agosto de 2016
sábado, 15 de agosto de 2015
Lady Aryse (vi). La maravillosa cabalgata
La singular comitiva ya había generado toda clase de rumores,
relatos y expectativas. En varios lugares ya se le mencionaba como la gloriosa
comitiva o la cabalgata maravillosa. Arribaron a la fortaleza Vurathi según lo
esperaba Lady Aryse, al anochecer.
Una extraña formación de gentes, animales, vestimentas y colores
muy diversos se aproximaba lentamente a las puertas del Castillo de la casa de
Q’nar. Por encima de esos detalles, Lady Aryse prestó particular atención al líder
del extraño grupo. Más alto que la mayoría de los hombres que había conocido,
incluyendo su propio hermano, el más alto entre la gente de Vurathi, parecía
deslizarse junto con su montura un hermoso caballo de pelaje dorado y poderosa estampa. Aquel jinete no la miraba, pero podía sentir la fuerza de
sus ojos sobre los suyos, como si estuviesen frente a frente.
- No debe temernos, mi señora. - La voz de aquel extraño resonó con gentil firmeza en su mente. - Sólo estamos de paso y la mitad de las cosas que se dicen sobre nosotros son mentira. La otra mitad … la otra mitad, sólo exageraciones. Traemos noticias, sabiduría y algo de ayuda. No han sido tiempos tranquilos ni agradables, no solo para vosotros aquí en Vurathi, sino para muchos otros lugares, cercanos y lejanos.
- No debe temernos, mi señora. - La voz de aquel extraño resonó con gentil firmeza en su mente. - Sólo estamos de paso y la mitad de las cosas que se dicen sobre nosotros son mentira. La otra mitad … la otra mitad, sólo exageraciones. Traemos noticias, sabiduría y algo de ayuda. No han sido tiempos tranquilos ni agradables, no solo para vosotros aquí en Vurathi, sino para muchos otros lugares, cercanos y lejanos.
La sensación de calma y confianza que le pareció recibir en
las palabras del forastero, le hicieron sentirse incómoda. Sacudió su cabeza e inspeccionó,
ligeramente nerviosa, la empuñadura de su espada. Entonces pudo darse cuenta. Un
torbellino de ideas se apoderó de su mente, pero logró mostrarse lo más
sosegada que pudo. Estaba en las puertas de la fortaleza. Había bajado desde
la muralla sin darse cuenta, sin conciencia de sí. Al mirar a su alrededor,
comprendió que todos a su alrededor tampoco tenían muy claro cómo habían
llegado hasta las puertas, desde los lugares en dónde se encontraban hasta
hacía algunos instantes.
- Mi nombre es Eham, mi señora. – Dijo el líder de los forasteros. Lady Aryse escuchó la misma voz que había escuchado en su mente antes, cuando aún la comitiva no estaba cerca del puente levadizo de la fortaleza.
- Mi nombre es Eham, mi señora. – Dijo el líder de los forasteros. Lady Aryse escuchó la misma voz que había escuchado en su mente antes, cuando aún la comitiva no estaba cerca del puente levadizo de la fortaleza.
Un segundo jinete se acercó sobre un elegante corcel negro. Sus
ropajes no dejaban lugar a duda. Se trataba de un habitante de la ciudad de
Fyur. Camisa y pantalones oscuros, chaleco de piel y una banda de cuero en el
cuello.
- Venimos bajo el manto de la noche, pero traemos claridad en nuestras intenciones y únicamente entregamos paz a quienes nos reciben con los brazos abiertos y el corazón dispuesto. Mi nombre es Vlidam Takeno, amo de las palabras. Mercenario y poeta de la ciudad libre de Fyur.
- Venimos bajo el manto de la noche, pero traemos claridad en nuestras intenciones y únicamente entregamos paz a quienes nos reciben con los brazos abiertos y el corazón dispuesto. Mi nombre es Vlidam Takeno, amo de las palabras. Mercenario y poeta de la ciudad libre de Fyur.
Lady Aryse aún no lograba articular palabra, pero su
desconfianza crecía con cada instante que pasaba. A su alrededor, Taari el
viejo, Pheshog, Wimrdä, Nugurtha e incluso el joven Thigald se preparaban para
la refriega que estaba por comenzar. Arriba en las almenas, los arqueros
vigilaban, sus flechas apuntando desde sus arcos tensados. La Guardia de la
fortaleza, Vurathi-kog, estaba lista para proteger a Lady Aryse y hacer gala de
su valentía frente a aquellos intrusos.
Aquel que se hacía llamar Eham habló de nuevo.
- Gente de Vurathi, valerosos hermanos. – Su voz pareció elevarse y alcanzar a todos aquellos presentes en Vurathi-kog. – No hemos venido a traerles más guerra, tampoco sufrimiento. No venimos a conquistar ni a engañar, no venimos a robar ni a traicionar. Estamos de paso, no nos quedaremos, pero necesitamos permanecer entre ustedes algunos días. Ustedes necesitan de nosotros aunque ustedes aún no lo saben. Traemos canciones, traemos nuevas, traemos conocimiento y algo de esperanza. Si sus corazones y sus mentes están dispuestos, será mucho lo que dejaremos entre ustedes.
- Gente de Vurathi, valerosos hermanos. – Su voz pareció elevarse y alcanzar a todos aquellos presentes en Vurathi-kog. – No hemos venido a traerles más guerra, tampoco sufrimiento. No venimos a conquistar ni a engañar, no venimos a robar ni a traicionar. Estamos de paso, no nos quedaremos, pero necesitamos permanecer entre ustedes algunos días. Ustedes necesitan de nosotros aunque ustedes aún no lo saben. Traemos canciones, traemos nuevas, traemos conocimiento y algo de esperanza. Si sus corazones y sus mentes están dispuestos, será mucho lo que dejaremos entre ustedes.
Lady Aryse Stormglance pareció comprender un mensaje secreto
en las palabras de Eham. Había firmeza, pero también había certeza y melancolía
en su voz. Eran las palabras de un guerrero incansable que, sin embargo,
comenzaba a sentir la posibilidad de la derrota. Era la misma extraña sensación,
que la había invadido en la batalla contra las huestes de Dhangor Blekka. La misma
sensación que inundó su mente al pensar en los Wyverns que acompañaron, primero
a los Filbatha y luego a Blekka. Aún sentía recelo, pero decidió confiar en
aquel que se hacía llamar Eham.
- ¡Gente de Vurathi! – Habló entonces Lady Aryse Stormglance. – Daremos la bienvenida a estos forasteros que nos visitan. Demuestren la bien conocida hospitalidad de Vurathi con aquellos que vienen en paz y en paz se retiran de nuestras tierras. Algo me dice que hay verdad en las palabras que recién escuchamos. No teman. No duden. Yo, Lady Aryse Stormglance, Señora de la Casa de Q’nar, prometo que será una visita provechosa y que los protegeré de cualquier daño que pudiese llegar de manos de estos visitantes o de otros. ¡Gellam Tanatur Vurathi!
- ¡Gente de Vurathi! – Habló entonces Lady Aryse Stormglance. – Daremos la bienvenida a estos forasteros que nos visitan. Demuestren la bien conocida hospitalidad de Vurathi con aquellos que vienen en paz y en paz se retiran de nuestras tierras. Algo me dice que hay verdad en las palabras que recién escuchamos. No teman. No duden. Yo, Lady Aryse Stormglance, Señora de la Casa de Q’nar, prometo que será una visita provechosa y que los protegeré de cualquier daño que pudiese llegar de manos de estos visitantes o de otros. ¡Gellam Tanatur Vurathi!
Era lo que todos esperaban. Nadie en Vurathi quería más
muerte, ni más dolor. Apenas estaban recuperándose de los ataques de los
Filbatha y de las huestes de Blekka. Las cosechas comenzaban a brindar
suficiente para comerciar con los señoríos más cercanos y lograr intercambios con
grandes beneficios para Vurathi. Cuero y vestidos llegaban desde Dirbah, buen
acero desde Vilant, alumbre desde Herom, estaño y plata desde Karon, incluso
algunas joyas elaboradas en la lejana Sharaz. Había canciones en las tabernas y
nuevos llantos de bebé en la mayoría de las moradas de los Vurathinii. Los
tiempos habían mejorado y realmente nadie quería batallas, sangre ni gloria, si
era posible evitarlo.
- Agradecido mi Señora. - Habló nuevamente Eham. - Estoy seguro habéis tomado la mejor decisión.
- Habla sinceramente. – Pensó Lady Aryse.
- Estaremos en Vurathi solo el tiempo necesario y esperamos ser recordados como hermanos, una vez que nos alejemos de vuestras tierras. - Culminó Eham.
- Mi Lady Aryse. - Volvió a hablar Vlidam Takeno, el Fyurense, mientras Eham sonreía. - Aún debemos compartir con ustedes una noticia más. Aún no está completa nuestra comitiva.
- Agradecido mi Señora. - Habló nuevamente Eham. - Estoy seguro habéis tomado la mejor decisión.
- Habla sinceramente. – Pensó Lady Aryse.
- Estaremos en Vurathi solo el tiempo necesario y esperamos ser recordados como hermanos, una vez que nos alejemos de vuestras tierras. - Culminó Eham.
- Mi Lady Aryse. - Volvió a hablar Vlidam Takeno, el Fyurense, mientras Eham sonreía. - Aún debemos compartir con ustedes una noticia más. Aún no está completa nuestra comitiva.
Eham hizo una señal y otro de los miembros de la “cabalgata
maravillosa”, un Turvendino de rostro cerrado, hizo sonar su cuerno. El suelo
bajo los pies de Lady Aryse y su gente comenzó a temblar. Dos enormes figuras
aparecieron entre los árboles del bosquecillo cercano.
- Son Ergan y su hijo Trog. Gigantes de la isla de Masxut. Con ellos también se acerca Slaura y sus lobos. - Explicó Eham.
- Son Ergan y su hijo Trog. Gigantes de la isla de Masxut. Con ellos también se acerca Slaura y sus lobos. - Explicó Eham.
Una joven
de aspecto muy peculiar apareció detrás de los gigantes, seguida por una gran manada
de lobos. Eran grandes, majestuosos y tranquilos. Más de una veintena de fieras
lideradas por una joven casi desnuda.
- Ella es Slaura, mi Lady Aryse.- Continuó Eham. Ella y sus lobos se quedaran afuera. Erga y Trog también. Están acostumbrados.
- Ella es Slaura, mi Lady Aryse.- Continuó Eham. Ella y sus lobos se quedaran afuera. Erga y Trog también. Están acostumbrados.
Finalmente, quince jinetes, dos carros y cuatro perros
cruzaron el puente levadizo y entraron en Vurathi-kog. Cada uno de los miembros
de la comitiva saludó a los presentes al entrar. Un saludo sencillo, formal y trascendente.
Muchos en Vurathi aún recuerdan esa noche, ese saludo.
Lady Aryse encargó a Pheshog de la estadía de la extraña
comitiva que acababa de cruzar las puertas de la fortaleza. Taari el Viejo,
quedó a cargo de Slaura, los lobos y los gigantes de la isla de Masxut. Eham
fue el último en pasar. Se detuvo un momento y le habló a Lady Aryse.
- Mi señora. En verdad os agradezco vuestra voluntad y vuestra hospitalidad. No os arrepentirás Lady Aryse Stormglance! – Dijo emocionado.
- Mi señora. En verdad os agradezco vuestra voluntad y vuestra hospitalidad. No os arrepentirás Lady Aryse Stormglance! – Dijo emocionado.
Lady Aryse no estaba segura de comprender aún todo lo que
estaba sucediendo. Pero su intuición le decía que aún faltaba mucho por
descubrir sobre la “cabalgata maravillosa” y sus efectos sobre la gente de
Vurathi y el destino de la casa de Q’nar.
Extraños tiempos comenzaban a transcurrir. De eso estaba segura. Algo se había puesto en marcha. Algo que definiría el futuro no sólo de Vurathi, sino quizás de todo el continente e incluso más allá de los mares circundantes.
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domingo, 14 de junio de 2015
Lady Aryse Stormglance (v)
La gloria sobre la propia muerte. Recordaba Lady Aryse mientras
contemplaba los campos cultivados que se extendían desde el sotobosque hasta
las orillas del río. Tres inviernos habían ya dejado su huella sobre esos
mismos campos desde el ataque de las huestes de Danghor Blekka. No habían
recibido palabra nueva alguna sobre el Señor de la Muerte y sus tropas desde
que se les vio embarcarse en los puertos norte con rumbo aún desconocido.
La gente de Vurathi comenzaba a
prosperar. Los cultivos se fortalecían. Las reparaciones en el castillo estaban
casi completas. Las puertas habían sido reforzadas y se habían construido dos nuevas
torres de vigilancia con almenas reforzadas y lugar para más arqueros. El
puente levadizo también estaba reforzado y su mecanismo había sido mejorado
gracias a la ayuda de los Elfos del Bosque Alto. La casa de Q´nar era fuerte
nuevamente. Sus tropas podían cuidar caminos y villas. La guardia del castillo
era más poderosa que nunca con los nuevos integrantes de la raza de los Enalfos
y sus poderosos arcos y relucientes hachas.
Todos los esfuerzos habían estado
concentrados en la defensa, la preparación para soportar el nuevo ataque de
Blekka. Pero el ataque no había llegado. Eso hacía que Lady Aryse se sintiese
incómoda, incluso molesta. Hubiese preferido luchar, vencer o morir. Pero la
incertidumbre no le permitía estar en paz, no le permitía sonreír. Mucho menos
le permitía bajar la guardia y disfrutar de los manjares que ante ella venían
colocando sus sirvientes. Sobre la gran mesa del salón de armas se entibiaba la
deliciosa carne de un jabalí. Sus capitanes disfrutaban de perdices asadas y
conejos en salmuera y ajo. Frutas, quesos, vinos y cerveza. Todo para celebrar
un nuevo año de paz y restauración.
La gloria sobre la propia muerte. La frase se repetía en la mente
de Lady Aryse. Igualmente se repetían las imágenes de las vidas perdidas
enfrentando a Blekka. Imágenes de muerte y desolación que se mezclaban con las
de su padre y hermanos, muertos por los Filbatha hace tanto tiempo. Sólo un
elemento en común. Wyverns.
¿Había alguna conexión? ¿Eran los
mismos nigromantes? ¿Eran ataques aislados? ¿Trataba alguien de destruir la
casa de Q’nar? Las preguntas se agolpaban en su cabeza como rocas que caen de
la montaña y encuentran a su paso un gran roble caído. Wyverns. Era muy difícil
saber el origen de aquellas bestias que hacía tanto tiempo no habitaban en toda
la vasta tierra del continente. ¿De dónde habrían llegado? ¿Volverían?
Las preguntas torturaban a Lady
Aryse mientras trataba de ser amable con los comensales que la rodeaban e
intentaban animarle. Sólo Taari comprendía que lo mejor era no importunarla. Su
señora, Lady Aryse Stormglance de seguro requería concentrar su mente en algo
que resultaría muy importante, mucho más importante que aquella deliciosa
comida y aquella dulce música que se escuchaba en el gran salón de armas.
Pasaron algunas semanas y
llegaron noticias de un grupo de guerreros que recorrían el campo, las tierras
de Vurathi allende el Bosque Alto y las cabeceras del río. Un grupo extraño,
sombrío y silencioso.
Evitaban a la gente y se movían
de noche preferiblemente. Se decía que varias bestias los acompañaban, pero
nadie sabía precisar cuáles. No parecían hostiles. No habían atacado a nadie.
No habían asaltado ninguna villa ni habían molestado a viajero alguno en los caminos
del señorío. No obstante, eran forasteros. Y en Vurathi los forasteros no eran
considerados como buenas nuevas.
Lady Aryse ordenó doble guardia
en el castillo. Las patrullas aumentaron en las tierras cercanas a la
fortaleza. Se enviaron mensajes para advertir a los Elfos de Bosque Alto y a
los Enanos de las Cuevas Rotas. Ambos pueblos respondieron reafirmando su
alianza con Vurathi.
Una tarde, cuando el sol empezaba
a declinar en el horizonte, una patrulla arribó a todo galope a las puertas del
castillo. Apenas había desmontado, el cabo que comandaba la patrulla pidió hablar
con Lady Aryse Stormglance. Pheshog escuchó la solicitud del oficial mientras
caminaba a hacia las caballerizas para revisar a su caballo y decidió
acompañarlo para evitar que la Guardia pudiese retardar la llegada del cabo
ante su señora.
- Ven conmigo Thigald. Le dijo al oficial - Yo te
llevaré ante Lady Aryse.
La encontraron en la torre de la
ciudadela, mirando hacia el camino principal desde el borde del muro.
- Mi señora. Se atrevió Pheshog - Hay nuevas sobre
la inesperada comitiva.
- Habla Thigald. Respondió Lady Aryse mientras
giraba su rostro y miraba directamente, primero a Pheshog y luego al joven cabo.
- Mi lady Aryse. Se dirigen hacia el castillo - Dijo
en tono grave el joven Thigald. Sereno pero expectante al mismo tiempo.
- Sí. Respondió Lady Aryse - Estarán aquí con el anochecer
de mañana.
- Con toda certeza mi señora - intervino Pheshog
sin salir de su asombro.
- Enviaron un mensaje, Pheshog - dijo sonriendo a
su capitán. - Me fue entregado hace poco enviaron un Pájaro Monje. Un ave
extraña para esta región, pero es una extraña comitiva así que no fue tampoco
una gran sorpresa.
- Preparen todo Pheshog. Habla con Taari, Wimrdä y
Nugurtha. Que todos estén dispuestos y alerta. Esta vez no nos pueden sorprender.
La dejaron en la torre de la
ciudadela, mirando hacia el camino principal desde el borde del muro. Algo le
decía a Pheshog que su señora dormiría poco esa noche.
Lady Aryse sabía que sus
capitanes se preocuparían pero no podía cerrar los ojos ante esta posible
amenaza cerniéndose sobre Vurathi cuando apenas comenzaban a recuperarse. Se
sentía cansada, pero la llama de la casa de Q'nar no dejaba de arder en su
interior. Lucharía hasta el final por su gente y su linaje.
domingo, 27 de octubre de 2013
Aryse Stormglance (iv)
Los defensores quedaron
diezmados. Muy pocos habían sobrevivido y muchos de los heridos no verían el
amanecer. Lady Aryse recuperó los cuerpos de su padre y su hermano. Los
funerales fueron breves y tristes. Muy tristes. Los Vurathi caminaron altivos
alrededor de ambos túmulos, como en antaño. Pero no había gloria en sus
miradas, sino una gran desolación. La casa de Q’nar se había quedado sin
heredero. La línea se había roto. Seguramente otra casa tomaría las tierras y
el poder en Vurathi.
Elfos y enanos regresaron a sus
reinos. Dejaron algunos trabajadores y orfebres para ayudar en la
reconstrucción. Ambos pueblos levantaron sus estandartes pero marcharon en
silencio de regreso a sus hogares.
Los Enalfos sobrevivientes fueron
invitados a quedarse. Ayudarían en la reconstrucción y recibirían a cambio un
hogar. Los proscritos aceptaron y consideraron pagada la deuda por sus muertos.
Entre los Vurathi sobrevivientes a
la batalla el ánimo era sombrío. El destino era un oscuro pozo donde podían
ahogarse todas sus esperanzas. Dos días después de los funerales de Lord Aroth
y el joven Arath, las gentes de Vurathi seguían enterrando a sus muertos. Eran
demasiados.
Esa tarde, al ocaso, vestida aún
con su armadura manchada de sangre, Lady Aryse decidió salir al encuentro de su
pueblo. Se encontró con la desesperación en la mirada de su gente. La tristeza
de las madres, la amargura de los padres y el miedo de los hijos de los caídos.
En cada mirada había un reproche y una súplica. Un dejo de rabia en cada
sonrisa y una gota de ilusión en cada lágrima derramada.
Lady Aryse Stormglance la
llamaban ahora, pues sus ojos grises llevaban una tempestad de emociones en su
brillo y causaban algo de incomodidad, tristeza y temor en quienes le sostenían
la mirada.
- ¡Gente de Vurathi! – comenzó a decir en tono
pausado pero firme. – La oscuridad ha caído sobre nosotros. La tristeza atenaza
nuestros corazones y el mañana es sólo una aciaga certeza. Quiero decirles - la voz se le quebró – Quiero asegurarles
que estarán protegidos. El enemigo se ha retirado a sus tierras. Nuestros
exploradores los han visto regresar en sus naves. Hemos pagado un alto precio,
pero nuestra Guardia aún cuidará nuestro castillo y nuestros caminos.
Reconstruiremos lo que el fuego ha devorado. Cultivaremos otra vez los campos
arrasados. Nuestros aliados, elfos y enanos, enviarán más ayuda. Nuestros
hermanos Enalfos se quedarán entre nosotros y fortalecerán nuestros muros,
engrosarán nuestras fuerzas y crecerán entre nosotros. Sus niños jugarán con
los nuestros y soñarán con un futuro, juntos.
Su gente la miraba, atenta, pero
demasiado afectada por la incertidumbre. Entonces Lady Aryse expresó lo
impensable.
- Yo gobernaré Vurathi. Restableceré el linaje.
Conmigo se mantendrá la casa de Q’nar si ustedes así lo desean. Yo puedo seguir
con el gobierno de mi padre. Honrar su memoria y mantener sus promesas. La
misma sangre vertida por mi padre y por mi hermano Arath – nuevamente se le
quebró la voz – me dará la fuerza para protegeros y apoyaros como ellos lo
hicieron. Pero si ustedes piensan que debo entregar Vurathi a otra casa, los
entenderé y obedeceré vuestros corazones. ¿Qué me dicen? ¿Cuál es vuestra
decisión?
Los Enalfos fueron los primeros
en contestar. Finalmente tenían un hogar y no estaban dispuestos a perderlo.
- ¡Lady
Aryse Stormglance! ¡Lady Aryse de Vurathi! !Gellam
Tanatur!
La gente de Vurathi pareció
animarse. Los hombres jóvenes primero, luego los miembros de la Guardia que la
habían visto luchar como una fiera salvaje en la refriega final contra los
Filbatha. Luego los veteranos, los enfermos, la mujeres y aún los ancianos,
todos comenzaron a vitorear a su señora.
- ¡Lady
Aryse! Lady Aryse de Q’nar! ¡Lady Aryse Stormglance! !Gellam Tanatur!
Al final, todos gritaban al unísono.
El ruido era ensordecedor. Se escuchaba el orgullo sobre la pena. La esperanza
sobre la angustia. La gloria sobre la propia muerte.
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