sábado, 16 de marzo de 2013

DÉJAME



Hazme olvidar que la muerte me ronda, que el cielo se cierne sobre mis brazos colorado y estridente. Déjame decir tonterías y hablarte de ésto. 

Hazme pensar que cuando las flamas del infierno te abrasan, la gloria te abre sus puertas. Déjame ahogarme en tu aroma y hacer de tu piel mi escondrijo. Hacer de tu risa un himno y ganarle una batalla al tiempo, al que nada le debo. 

Dime que puedo contar con tus ojos para olvidar el acero, para calmar mi ira y soterrar mi miedo. Déjame hacer de ti la más hermosa fuente de alegría para mi ánimo errático y terco. 

Pídeme todo, hazme tu siervo, condéname a verte mucho y a prestarte mis huesos. pero no me pidas más que espere otros minutos, cuando la luz pende de un hilo atado a tus cabellos.

lunes, 18 de febrero de 2013

CIERTA TRISTEZA



Es extraña la tristeza cuando te inunda el pecho, pero no logra nublar la mente. Prefiero entonces el dolor a la claridad de conciencia. Es envidiable la posibilidad de someterse a los vaivenes de la emotiva volatilidad, sin saberse víctima de la propia ceguera.

Que gloriosa la rabia, que dulces las lágrimas, que hermosos los ojos inyectados de furia cuando se comparan con esta necia capacidad de estar sereno y de trashumar entre las penas.

Cambiaría cada minuto de comprensión y angustia, por un rato de irracionalidad y compulsiva alegría. 

Romper las barreras del optimismo y declararme feliz por algunos momentos, sin importar el peso de mis palabras o la solidez de sus cimientos.

Que disfrute el de tentar al verbo con lo imposible y sucumbir ante lo evidente. Cómo cerrar la mente y entregarse a los desatinos del humor creciente.

Cómo lograr que esta gloriosa comprensión se aleje y me acerque así a la soledad de los otros. Grandioso poder emular la risa y gozo, para abrazar las banderas de la inconsciencia. Tremendo poder llorar y cruzar las aguas caudalosas de la paciencia.

lunes, 7 de enero de 2013

¿Qué podemos aprender de EL SEÑOR DE LOS ANILLOS?

Es bueno saber que se puede contar con amigos influyentes, así que, sentado en el muelle hago la pregunta. Mi amigo sonríe. Yo me siento un poco incomodo. Finalmente me responde y escucho una sola palabra: “uuvea” (Mucho). Es la palabra que se le ocurre para contestar una pregunta sobre lo que podemos aprender de El Señor de Los Anillos.

“Y así sola -admite apacible mi amigo- es una palabra tan pobre, tan simple y tan mediocre para tratar de abarcar todo lo que esta pieza genial de literatura puede aportar para cada uno de nosotros, que no parece una respuesta digna.”

Cada pasaje, cada evento y giro inesperado de la trama nos deja algo, un exquisito deseo de participar, el sublime temor de que algo malo pase a continuación y una sabiduría innegable transmitida por el autor en cada uno de sus personajes. Aragorn es el compromiso, Gandalf la humildad y la nobleza, Arwen la lealtad, Sam Gamyi la amistad y la abnegación, Gollum la tragedia de la debilidad manipulada y la insaciabilidad de la avaricia, los Nazgul el precio el poder inmerecido, los Orcos el peso de la esclavitud del corazón, los enanos la fiereza y la terquedad, Boromir la torpeza del inmediatismo, Sauron la maldad.

El Señor de Los Anillos nos puede llevar a considerar cuestiones filosóficas fundamentales, puede alegrarnos y entristecernos. Nos habla de los bosques, nuestras víctimas silentes y de su posible venganza. Nos toca en muchas facetas de nuestra vida, de la que tenemos, la que quisiéramos tener y la que nunca desearíamos vivir. Nos enseña a tomar posición respecto a principios éticos a medida que conocemos y evaluamos cada personaje. Nos presenta la muy sutil frontera entre el bien y el mal, así como lo difícil que es mantenerse siempre de un mismo lado. No obstante, la recompensa es enorme cuando se escoge el lado correcto y se es fiel a los compañeros de viaje y al compromiso adquirido.

Pero, más allá de cualquier consideración racional, El Señor de Los Anillos nos enseña a creer. Tolkien nos enseña a creer en los árboles, en los elfos, en los amigos, en la bondad, en el valor, en la firmeza, en la lealtad, en las promesas y en las alianzas, así como en las consecuencias de nuestros actos en el medio inmediato de nuestra existencia y en áreas más alejadas de nuestra conciencia.

Y con Frodo, especialmente con Frodo, aprendemos a creer en la posibilidad infinita de ser héroes en nuestro propio tiempo, con acciones simples, sin necesidad de hechos gloriosos y discursos grandilocuentes. Por ello son los hobbits, los medianos, seres que han pasado prácticamente desapercibidos durante muchísimo tiempo a los ojos de las demás criaturas de la Tierra Media y en particular a los ojos de Sauron, el Señor Oscuro, que los considera insignificantes y sin mayor trascendencia, quienes tienen el poder de salvar a Elfos, Hombres, Ents, Ucornos, Beórnidas, Aguilas, Bosques, Lagos y, en fin, todo lo creado.

Son ellos, los hobbits, quienes pueden derrotar a Sauron, destruyendo el Anillo Unico, en las propias narices del Señor Oscuro. No hace falta ser un gran Lord Elfo, ni un descendiente de las Grandes Casas de los Edain. Se puede ser sólo un hobbit. Tener como principales placeres fumar pipa y conversar, y aun así salvar a todos, sin que muchos se enteren. Así, cada uno de nosotros puede tener su propia oportunidad. Quizás no logremos salvar la Tierra Media, pero podemos salvar un árbol, un animal abandonado, un niño perdido, un vecino atrapado en un ascensor.

Con cada acto pequeño, podemos ser como Frodo y ayudar a salvar nuestra propia Tierra Media, porque podemos creer y ser héroes anónimos. Podemos ser como ese hobbit que, temeroso, logró destruir al más temible de los entes de la oscuridad que intentaba dominar y destruirlo todo para su propio beneficio. Nada más poderoso que el heroísmo de la gente común luchando por una causa justa y en beneficio de muchos. Quizás aún falten por enumerar muchas de las cosas que se pueden aprender al leer El Señor de Los Anillos. A mi me basta con estas. Círdan sonríe de nuevo y me dice que debemos zarpar, ya no podemos permanecer más tiempo en los Puertos Grises.

domingo, 28 de octubre de 2012

El Libro del Eterno Retorno (crónicas)

Jobar decidió hablar con el extraño personaje que se dibujaba entre los reflejos de la luz. 

- ¿Eres un hechicero, entonces?

- Oh ingenuo amigo - respondió el extraño. ¿Podrías decirme qué es la magia? Sólo soy lo que no fui, si hubiese sido lo que no seré, ahora que soy lo que nunca sería si no existiese tal como soy ... y dime, ¿tú quién serás?

Jobar comenzó a desesperar ante los acertijos del embozado sujeto que parecía moverse de lugar y aparecer siempre en el mismo sitio. Finalmente respondió. 

- No lo sé. Soy un hombre con dos razas, sometido a dos lealtades que no he buscado. No domino la magia o lo que sea que tus poderes te conceden. Pero eso a ti no te importa. ¡No me has contestado!

El embozado comenzó a reírse estruendosamente y luego habló nuevamente.

- No. Podré respondiendo tu pregunta si consideraré que sirva para alguna finalidad. Pero no creeré que fuese ese el caso. Creo que estuvieses perderás el tiempo. No me habrás entendieras.

Jobar sí entendía. No había respuesta. Eso lo molestaba. No podía seguir perdiendo el tiempo con un hechicero loco que hablaba cosas sin sentido cuando su misión estaba a punto de fracasar y muchos de sus amigos podían estar corriendo graves peligros o incluso haber muerto.

Aferró la empuñadura de su espada, Troshang, y se abalanzó sobre el orbe.




sábado, 27 de octubre de 2012

PERDIDA


"porque la pena tizna cuando estalla, perro que ni me deja, ni se calla..."
Miguel Hernández

Qué hacer cuando ya nada hay que hacer. Que lograr cuando todo está urdido. Que intentar cuando te han sustituido y todo tu ser sabe que ha perdido. Qué obrar cuando morir sería un dulce recorrido.

Cuando la traición es el presente y la soledad es el futuro. Cómo seguir haciendo si no queda ya aliento. Cómo seguir tratando si nada vale el intento. Cuántos momentos perdidos, cuánto honor inútil y cuánta honestidad lanzada al vacío. Cómo escribir, si las palabras ya no tienen sentido.

Cómo soportar la burla y la iniquidad del destino. Cómo no sentir grata la muerte, para no sentir el pesar repetido.

martes, 24 de julio de 2012

Ever turning tales (Book I)

It was a Mâa horse. Dark, tall and brave mount. Fast as the wind, fierce as a storm and loyal as the warm spring sunshine. Cannot be tame, cannot be stalled, cannot be saddled, by other than the one he has chosen. Never would abandon his master and would rather die before accepting a different one.



martes, 5 de junio de 2012

La Torre (I)




La Torre es el mundo. Ya lo sabemos. En ella está todo, lo escrito y lo que no. Cada palabra, cada frase, cada letra que no ha encontrado aún compañeras ocupa un lugar en alguna de sus galerías.

Adentro, también estamos nosotros. Atrapados, sea cual fuere la talla de nuestro ser, transitamos su arquitectura impalpable, absortos con sólo alguna de las maravillas que esconde. Por eso no sentimos padecimiento por esta prisión y muy pocos son capaces de percibir el encierro. Sin embargo, es la cárcel más dulce, es nuestra casa. En ella gravitamos, rodeados de falsa intemperie.

Nos encontramos con los escritos, los ladrillos de la Torre (¿o ellos nos encuentran a nosotros?) y nos aferramos a sus giros, a sus trucos. Deseamos llenarnos de su extensión para poder materializar sus muros. 

Corremos entonces el peligro de olvidar una de sus mejores suertes: la brevedad. La palabra como llave de nuevas paredes y corredores que vienen a complicar la estructura de nuestra cárcel. Quizás sentimos temor a comprender lo inútil del esfuerzo por hacerla tangible.

A fin de cuentas, no es sino la eterna brevedad de cada palabra lo que hace infinito el número de galerías de la Torre, para que la “escalera espiral” se eleve y se hunda, cada vez más en el abismo que la atraviesa.